Punto de vista de Alejandro
Un dolor abrasador me golpeó, como si alguien estuviera desgarrando mi alma.
—¡Lucía! —rugí, cayendo de rodillas, arañándome el pecho.
Justo ahí, el enlace mental con mi compañera destinada de repente se sentía débil, casi desaparecido.
—Alfa, ¿qué sucede? —El guardia en la puerta escuchó mi grito agonizante y entró corriendo.
—¡Lucía! ¿Dónde está? —Agarré el cuello de la camisa del guardia, con la voz ronca.
—Alfa —tartamudeó—, ella... ella abandonó la Tribu Rocaosc