Odio las agujas, en serio las detesto, y ahora que estamos aquí en la sala de espera del hospital, aguardando para ver al médico y que me examine, empiezo a arrepentirme y casi tengo el deseo infantil de salir corriendo de aquí. No me interesa que Tayler esté aquí conmigo, sosteniendo mi mano y acariciándola suave y constantemente porque le dije de mi aversión hacia esos microtubos de metal, eso no evita que imagine una y otra clavándose en mi piel sin cesar y que quiera irme justo ahora.
Sé qu