Su mirada, esa casi como un puchero infantil, me produce una gracia que no puedo ocultar y él parece satisfecho ante mi risa, como si eso hubiera sido exactamente su objetivo y disfrutara de su premio.
-Está bien, está bien, me quedaré "si eso te deja más tranquilo", aunque prácticamente hayas admitido que tienes otras intenciones más egoístas que el simple hecho de protegerme.
-Bueno, pero es una de mis razones.
-Claaaaaaro... Como tú digas. Y si nos basamos en eso, no es necesario que vaya