No tengo que pensarlo, no hace falta que diga nada, porque aunque el calor que estamos sintiendo ambos y la intensidad del momento podría hacer arder la habitación en cualquier momento, parece que Tayler tiene un cierto punto de pensamiento humano y, aunque muy lento, baja el nivel del beso paulatinamente hasta que éste se convierte en un ligero roce.
Su frente queda apoyada contra la mía al tiempo en que sus dedos dibujan suaves círculos contra la caliente piel de mi espalda y su aliento se