Aysel se encerró en su habitación, no quería ver a nadie, ni escucharlos, lo único que deseaba su corazón era encontrar a Lyon, saber a dónde lo había llevado Radolf porque no sentía que el estuviera muerto.
—Aysel debes salir, alimentarte piensa en tu cachorro que esperas —escuchó que decía su madre, pero no tenía intención de abrir no podía ver a ninguno de esos traidores.
Poco a poco el cansancio la dejo agotada, se quedó dormida esperando soñar de nuevo con Lyon.
—¡Aysel! ¡Aysel! —escuchó