Capítulo 1.

Capítulo 1.

Megan.

-Repíteme de nuevo, ¿Cómo es que tenemos que llegar a Ciudad O en pocas horas para que entres a un programa de televisión? - Dijo mi mejor amiga Jessica mientras conducía su destartalado coche por la única carretera que no tenía peaje; ambas estábamos cortas de dinero, así que ésta era la única opción que teníamos. Ya había gastado mis últimos ahorros en la gasolina para llegar.

-Te lo dije, a cambio de que me haga pasar por Elena Corbin en este programa, tendré un mes gratis de alquiler en un bonito departamento y los próximos cinco meses trabajo en la empresa Corbin. Ya estuve investigando y el menor de los sueldos nos alcanzaría para vivir un año entero en Ciudad C; tal vez abrir nuestro restaurante con el millón de dólares que gane…

-Si es que lo ganas. Recuerda que yo también leí el jodido contrato que firmaste. - Dijo refunfuñando y luego soltó un suspiro. - No lo sé, Megan. El trato suena demasiado hermoso para ser verdad.

-Es un trabajo difícil; tuve que hacer investigación sobre Elena para que pudiera actuar convincentemente. - Dije a la defensiva.

-Claro, convincente te vas a ver cuando hagas el ridículo a nivel internacional porque no puedes maquillarte ni para salvar tu vida. - Yo di un pequeño respingo y enseguida se calmó. - Lo siento, solo me preocupo por ti. Tienes que mostrar cómo se utilizan los productos y me temo que mis clases avanzadas de maquillaje no pueden ser procesadas tan rápido.

-No te preocupes, utilizaré lo mínimo posible y me concentraré en ganar los retos. Encontraré al millonario, trabajaré los próximos cinco meses y tendremos el dinero suficiente como para comprar un local que sirva de restaurante. Todo será… perfecto. - Dije dándole mi mejor sonrisa.

-No quiero romper tu burbuja, pero la vida no es tan fácil. Admiro tu optimismo y te apoyaré desde nuestro nuevo departamento. Solo… cuídate. Y, aprovechando que te codeas con un millonario, ¿Por qué no lo seduces y nos ahorras el sufrimiento de trabajar por los próximos…. Mil años? - Dijo en tono de broma.

No pude evitar reír escandalosamente. Yo, una autoproclamada fiel creyente de la castidad hasta el matrimonio ¿Seduciendo a nadie? O mejor aún, ¿A un millonario? Claro, le va a interesar la chica que no ha besado a un chico en su vida.

-Por supuesto, querida amiga. Lo conquistaré en cuanto le diga que usaremos anillos de castidad hasta que estemos felizmente casados. Y lo haré respetar nuestros votos sagrados porque mi tarjeta V es de oro sólido. - Dije regresando la broma.

-Bueno, al menos deberías de salir con un chico una vez que terminemos con la tontería del programa. A este paso regresarás al convento y me dejarás sola en este lado del mundo. - Dijo medio en serio mi amiga.

Yo suspiré. Cuando nací fui dejada en un orfanato y criada por monjas; nunca me sentí rechazada ni estaba dolida con mis padres por dejarme ahí. Quiero creer que me dejaron por una buena razón y que ahora tengo una vida mejor que la que hubiera tenido. Ser monja se me pasó por la cabeza alguna vez mientras crecía ya que admiraba la calidez, el cariño y la dedicación de la hermana Mary, Juana y Gabriela; sin embargo, mi sueño de ser una gran chef y alimentar con comida deliciosa a todas las personas sin importar su estatus social… eso me llenaba el alma.

Conocí a mi mejor amiga Jessica cuando conseguí mi primer trabajo de mesera en un bar de mala muerte justo al cumplir mis dieciocho años. Ella había ido en una cita a ciegas y cuando se levantó al baño vi cómo su pareja ponía algo en su bebida. Indignada le dije al barman pero éste solo se encogió de hombros y dijo que no era su problema. Por obvias razones físicas, sabía que no ganaría en una confrontación, así que decidí ir al baño con la chica y contarle lo sucedido. Al principio no me creyó, pero no me rendiría y le dije que hiciera un pequeño experimento: Yo distraería al sujeto y ella cambiaría sus bebidas.

Fingí equivocarme con su bebida y atraje su atención; Jessica cambió las bebidas y media hora después el tipo se encontraba babeando sobre la mesa.

Al siguiente día ella regresó para ofrecerme el segundo dormitorio disponible en su apartamento y un trabajo en un restaurante de alto nivel; necesitaban una mesera decente y yo cubría el perfil. Me presenté para una entrevista y en la siguiente hora ya me encontraba cumpliendo los caprichos más ridículos de la gente rica. Desde entonces, hemos sido inseparables.

Eso fue hace tres años; así que cuando le dije que me iba a Ciudad O y le conté mis motivos, automáticamente se apuntó a la aventura y comenzó a enseñarme a maquillarme.

-No te dejaré sola, simplemente tengo demasiado sobre mi plato como para todavía preocuparme por pequeñeces como mi hombre ideal. Aún soy joven, me preocuparé cuando cumpla treinta sobre cosas mundanas como el amor; hoy me preocuparé por no hacer “el ridículo a nivel internacional”.

-De acuerdo chica optimista. Yo estaré aquí apoyándote y mientras tú te vas de vacaciones a una isla tropical, me entretendré en la emocionante tarea de conseguir un trabajo.

Poco después llegamos a nuestro destino: El Aeropuerto de la Ciudad O. Elena me había citado aquí para poder darme las llaves del departamento en donde viviría después de terminar el concurso; Jessica viviría ahí mientras tanto.

Estacionamos lo más cerca que pudimos ya que el parquímetro era una locura en los Aeropuertos de cualquier sitio, y caminamos/ corrimos para llegar a tiempo a la puerta 3. Cuando nos acercamos a la puerta, pudimos ver a mi doble golpeteando impacientemente con su pie sobre la acera mirando a todos lados y revisando su reloj de pulsera.

-Hola, lamento el…

-¡Te pintaste el cabello! - Dijo ignorándome y notando mi aspecto. - Fabuloso, ese color te queda mejor. Ahora, aquí están las llaves, esta es la dirección del lugar y esta es la dirección del lugar de trabajo para después de que salgas de ese horrible lugar. Recuerda lo que hablamos: Puedes quedarte con el premio y con el salario que ganes en la empresa de mi padre…

-Uh… también me prometiste un bono de diez mil dólares por mi discreción. - Dije maniobrando todo lo que había puesto en mis manos. Uno pensaría que dos direcciones y unas llaves no tendrían por qué ser estorbosos pero la señorita Elena me los había entregado en gruesos sobres y eso me dejó confundida.

-Por supuesto que sí, querida. ¿Para qué crees que son los sobres? Te estoy dando tu paga por adelantado y un pequeño bono extra para que no me molestes después. Ahora, necesito que firmes aquí…. Aquí y aquí. Rápido, tu vuelo sale en diez minutos. - Dijo dándome algunos papeles y una pluma. Yo le pasé los sobres a mi amiga y firmé rápidamente. - Perfecto. Toma tu boleto, el vale de equipaje registrado, tu copia del contrato y mi número en caso de que lo necesites. Orbua mon cheri…

Y de pronto solo estábamos Jessica y yo viendo cómo se alejaba Elena.

-Vaya, es todo un personaje. - Dijo mi amiga impresionada. - De prisa, te quedan ocho minutos y aún no sabemos a dónde tenemos que correr.

Ella me sacó de mi estado de estupefacción y caminamos a buen paso hasta encontrar al primer empleado del Aeropuerto que vimos. Éste nos dijo que, para nuestra buena suerte, mi avión despegaría unos minutos tarde debido a que había un contratiempo con el check-list.y nos indicó la dirección que debíamos seguir.

-Recuerda que eres una niña malcriada y con el intelecto de una piedra. - Dijo Jessica al despedirnos; estaba por abordar el avión. - Te encantan las fiestas y ser despreocupada… en pocas palabras, no seas tú. Si tienes alguna dificultad, solo piensa “¿Qué haría yo?” y haces justo lo contrario. ¿Entiendes?

-Ser un bonito y hueco florero, sonreír y tratar de no picarme un ojo al maquillarme. Lo tengo. - Dije en tono de burla. Era la 16ava vez que me repetía todo lo que decían las revistas de chismes de los últimos meses sobre Elena. Mientras ella reía yo le entregué todo lo que me había dado Elena y le pedí que lo leyera y administrara por mi. - Te extrañaré. No te olvides de votar por cualquiera que me caiga mal.

-Obvio. Armaré un motín de ser necesario; tenemos que conseguir ese millón de dólares y ninguna perra nos lo va a arrebatar. - Dijo dándome una última palmada en la mejilla. Luego se alejó por el pasillo.

Inhalé y exhalé fuertemente antes de enseñar mi pase a de abordar a la azafata; estaba preparándome mentalmente durante el camino a mi asiento cuando recibí un mensaje de Jessica:

“Cariño, te amo. Deslúmbralos al manejar correctamente el delineador. Si eso no funciona, siempre puedes levantar tu blusa y quitarte el sostén.”

Yo reí encantada, ella siempre sabía qué decir para hacerme sentir mejor. Con un mejor estado de ánimo llegué a mi asiento. No traía equipaje de mano así que no tenía que pelear por el tamaño del compartimiento…. Como la señora de enfrente que discutía sobre si el señor de alado debía o no meter su pequeña maleta junto a la de ella.

Las cosas comenzaron a ponerse intensas, pero yo era una humilde espectadora… al menos hasta que el hombre decidió que yo debía de ser el juez, jurado y verdugo en su debate. ¿Cómo rayos terminé en medio de todo esto? Un misterio.

-Como podrá ver, señorita, mi equipaje de mano es pequeño y pesa menos de un kilo. El equipaje de la dama abarca casi todo el compartimento… creo que eso debería de contar como equipaje y pagar la cuota correspondiente. - Dijo el señor muy seriamente. Parecía el típico bonachón que te recordaba al amable vecino que rastrillaba las hojas en un patio sin esperar nada a cambio.

En cambio, la señora era el cliché de la villana en una novela romántica.

-¡¿Pero qué tonterías estás diciendo?! ¡Mi equipaje claramente es de mano, yo no sé por qué sigues insistiendo en que no lo es! – Entonces la señora sonrió diabólicamente y sacó su celular. - Ahora verás; transmitiré en vivo a mis miles de seguidores en I*******m para que te acosen así como tú lo estás haciendo ahora…

-Haga lo que quiera señora, siempre y cuando deje que mi equipaje vaya con el suyo. - Dijo el señor exasperado y luego volteó a verme. - ¿Usted qué opina? ¿Cómo deberíamos de resolver esta situación?

-¡Ja! Obviamente me dará la razón; la niña parece tener algo de cerebro… no como otras personas. - Dijo mirándolo con llagas en los ojos.

-Uh…

-Sin pena, querida. Necesitamos saber tu opinión. - Dijo la señora con una encantadora sonrisa.

-Bien… pienso que el señor debería dejar de discutir con usted y llevarse su pequeña bolsa sobre las piernas. Mi cosmetiquera pesa más que eso. - Dije mirando dicha bolsa con el ceño fruncido; si éramos honestos, la cosa pasaría por una bolsa de cacahuates. - No le veo sentido a ponerse a discutir por eso. Ahora bien, el señor tiene razón; su equipaje de mano parece demasiado grande como para ser considerado así. Entiendo que quizá quiso ahorrarse unos dólares pero técnicamente está cometiendo fraude a la aerolínea. De hecho, no sé ni siquiera cómo es que nadie la detuvo al subir con esa cosa al avión. - Dije mirando el tamaño de la monstruosidad que se asomaba. Hasta parecía que me guiñaba un ojo.- Ahora, si me disculpan intentaré dormir todo el vuelo ya que sospecho que lo necesitaré.

Por unos segundos solo me miraron y luego se encogieron de hombros. Dejaron de discutir e hicieron exactamente lo que les dije. Raro.

El avión tardó unos pocos minutos más en despegar ya que debían de facturar el equipaje de la señora y luego despegamos. Yo dormí todo el camino; cuando desperté nos encontrábamos sobrevolando nuestro destino. Me estiré un poco y revisé mi teléfono cuando tocamos tierra: Treinta y siete mensajes sin leer.

Enseguida le llamé a Jessica muy preocupada por la cantidad de mensajes en dos horas.

-¿Jessica, qué sucede? - Dije preocupada. - Apenas estoy llegando…

-¡Megan! ¡Esa m*****a…. Esa m*****a Elena! - Gritó al teléfono.

-¿Qué con Elena? - Pregunté confundida.

-¡¿Qué con Elena?! ¡¿Qué con Elena?! ¡Pues nada con la jodida Elena! Te ha puesto en el supuesto contrato que se iba a tomar un tiempo de vacaciones en alguna isla privada con su nuevo novio… ¡Y que por cada mes que cumplieras tu papel te daría diez mil dólares!

-Uh… de acuerdo. ¿Qué está mal con todo eso? Como yo lo veo, tendremos el millón de dólares, el sueldo en la empresa de su padre y diez mil dólares extra. ¿Por qué tanto grito?

-Porque, nena… aquí te ha dejado cerca de doscientos cincuenta mil dólares. Haz la m*****a suma.

Estaba sorprendida por la cantidad de dinero que había dejado en los sobres; por lo que me había dicho (Y lo que murmuraban los ricos en el restaurante mientras servía sus mesas) su padre le había cortado el flujo de dinero desde hace un tiempo. Como sea, ese es un pequeño detalle para guardar y analizar en otro momento. Si Elena se iba a ir de vacaciones y me estaba dando diez mil dólares por mes, eso quería decir que…

-¡Santa m****a!

-Exacto. - Dijo mi amiga apretando los dientes. - La m*****a planea que te hagas pasar por ella en los próximos dos años. Pero, ¿Sabes qué? Eso ni siquiera es lo mejor… lo mejor es que firmaste para complacer cualquier capricho que quisiera su padre en ese tiempo. Permita que te lea esta ridiculez: “Punto número uno: Si papi quiere que trabajes día y noche, lo harás con una sonrisa. Punto número dos: Si papi quiere que te cases con algún CEO que beneficie a la empresa, dejarás que escoja hasta el pastel y lo harás con una sonrisa. Punto número tres: Cualquiera y todas las cosas que se le ocurran a mi padre tendrás que hacerlas con una sonrisa… excepto darle un nieto. Por Dios, soy demasiado guapa como para engordar por un paquetito de mocos”. La lista sigue, pero esencialmente esto, el hecho de que no quiere que la molestes para absolutamente nada y que al violar cualquiera de los puntos de este absurdo contrato tendrás que regresarle el dinero más el 500% como pago por las molestias ocasionadas son lo más importante que tengo para reportarte.

-¡Mierda! - Dije  con incredulidad. - Espera un segundo Jess, le llamaré y cancelaré esta tontería. Mándame su número, por favor.

Colgué y esperé dos minutos a que me llegara el número. Bajé del avión y en el pasillo marqué a esa… a esa bruja.

-¿Aló? - Preguntó Elena. Se oía música a todo volumen de fondo, así como la risa estridente de varias personas, seguramente borrachas.

-Soy yo, Megan. Tenemos que hablar sobre el contrato…

Ella me interrumpió con una carcajada.

-Primera lección de la vida real: Siempre revisa lo que vas a firmar. Ahora, como ya has leído el contrato, sabes que no me puedes molestar en los próximos dos años. Tranquila, mantendré un bajo perfil con mi cambio de look y te contactaré cuando termine el tiempo. Hoy me siento generosa así que no te cobraré los ciento veinticinco millones que deberías de darme por esta llamada. Orbua, baby.

Y con eso, me colgó. M****a.

Estaba tan ensimismada mirando el teléfono que me asusté cuando un caballero me tomó suavemente del brazo.

-Disculpe, no fue mi intención asustarla.- Dijo el hombre señalando el cartel en su otra mano con la leyenda “Elena Corbin” y mostrándome una identificación. -  Me llamo Jonás y soy el chofer que la llevará el día de hoy al pequeño helipuerto de donde saldremos con sus demás compañeros concursantes.

-Uh, claro. Solo tengo que ir por mi equipaje…

-No se preocupe por eso, solo deme su comprobante y el personal de la producción lo recogerá. - Dijo estirando la mano.

-Muchas gracias, Jonás. - Le dije con mi mejor sonrisa entregándole la documentación.

-Un placer, señorita. Sígame, por favor.

Caminamos hasta una limosina negra, a la cual obviamente admiré. Estas cosas solo las había visto estacionarse fuera del restaurante pero no había tenido una así de cerca… mucho menos subido en una.

-¿Señorita?

Yo salí de mi aturdimiento y le di las gracias a Jonás por abrir y sostener mi puerta. Me senté cómodamente y me informó que llegaríamos en veinte minutos a nuestro destino. Cerré los ojos y despejé mi mente; nada podía hacer en este momento con la situación del contrato y Elena. Quizá una vez que terminara el concurso me podría comunicar con ella… o con un maldito abogado.

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