7. ¡Alguien que me calle!
7
Valentina
“¡Alguien que me calle!” pensé. Mi boca siempre ha tenido este caso grave de vida propia.
El jefe irradia molestia, pero no me lo hace saber concretamente.
—Bien, termina lo más que puedas, de ahora en adelante vas a llegar directo a mi oficina para arreglar esto —ordena, poniéndose de pie de manera fluida, mi mirada pecadora vaga por su esculpido cuerpo y santo Dios— y espero no estes de vaga, odio eso.
Se alejo de mí y solté un respiro que yo no sabía que estaba conteniendo.
—Por