Punto de vista de Blake
Tras unos días de descanso obligado, mi rostro ya se encontraba lo suficientemente bien como para ir a trabajar y, aunque seguía teniendo el espíritu herido, debía cumplir con mis obligaciones.
A media mañana, mi celular empezó a sonar y, al ver el nombre en el identificador, resoplé.
No quería hablar con este tipo.
Sin embargo, tuve que contestar.
Deslicé el dedo hacia arriba y me puse el celular contra la oreja.
—¿Sí? Buenos días —saludé con tanta calma como pude.
—Señ