Ninguno de los dos habló por un largo rato. Nathan se entretuvo jugando con mi cabello castaño, tomándolo entre sus dedos y acariciándome. No intentó detener mi llanto, no se quejó ni un segundo. Sólo se quedó a mi lado y eso fue lindo.
Él era lindo.
Ahora que sabía de mi pasado entendía que esa pequeña voz susurrante era mi loba, intentando guiarme en el camino. Cuando tomó el control de mi cuerpo, fuimos una. Yo pude ver aquellos recuerdos que ella se encargó de reprimir para no dañarme. Lo s