37° Noche de caza.
Aunque Lia había dormido casi toda la noche en la habitación del quinto piso con Oliver, se sentía extrañamente cansada, el orgasmo le había arrancado la energía y ahora estaba somnolienta, y si quería resistir la noche de caza fantasmas que harían las gemelas con Sam debía dormir un poco.
Oliver se la pasó mirando a Esther y ella a él en un coqueteó silencioso y discreto, pero Lia lo notó, y eso le llenó el cuerpo de rabia y celos. CELOS. Esa era la palabra, sin adornos y sin no aceptarlo, cel