Lia respiró profundo, había tenido una montaña de emociones en menos de cinco minutos y no había logrado entender del todo a Felipe.
— ¿Mi papá? — le preguntó, por si había escuchado algo mal, pero el rubio asintió con vehemencia.
— Así se presentó, y recuerdo cuando me lo mostraste en fotos, es él — Lia miró a Oliver, el hombre le daba la espalda mientras miraba por la ventana y ella apretó los puños. Quiso decirle que luego terminarían de hablar, pero no dijo nada. Salió del salón.
Afuera es