No me olvides.
El atardecer pinceló el cielo de una gama de colores entre naranja y violeta. El azul vivo pintándose cada más oscuro.
Terminó de limpiar la máquina de expresso, secó algunas tazas y pasó un paño húmedo con desinfectante sobre la superficie del mostrador.
—Buenas tardes —saludó alguien.
Frunció tenue el ceño. Algo en esa voz provocó una especie de burbujeo en su interior. Giró lento sobre sí.
—Buenas... —Su mirada aterrizó en unos ojos color azul eléctrico. Una oleada de nostalgia abrigó su ser