No es real.
Se preguntó si valía la pena salir del cuarto, no deseaba enfrentarse a la realidad. Los párpados le pesaban, el rostro demacrado con atisbo del llanto de anoche. Grandes círculos oscuros adornaban su mirada color verde-azulada. Su piel carecía de pigmentación, luciendo el semblante pálido como si fuera el rostro de un maniquí, aquellos que tantas veces veía en las vitrinas de las tiendas.
Tomó una larga bocanada de aire y terminó de vestirse. Se resignó, si él no salía a trabajar se quedaría n