Sin duda alguna la cantidad de gemas, piedras entre otras a la vista era exorbitante y de grandes proporciones.
— ¿Cómo los humanos saben que esta tierra es tan próspera? — preguntaron.
— Porque yo se los mostré — respondió Kogan sin titubeo. — Les ofrecí unos pocos como gesto por su gran lealtad, más que todo para medir sus intenciones. Y fallaron… como era de esperarse —.
A medida que avanzaban, el pasadizo de tierra comenzó a transformarse de manera casi imperceptible. La superficie rugosa f