Una dolorosa pena que compartir, Cecilia.
Era terriblemente doloroso para el hombre ruso ver como la joven Alcántara se deshacía en lágrimas y desesperación, ella gritaba que quería morir también para ir al lado de su pequeño.
Las máquinas comenzaron a hacer ruidos y los doctores vinieron a ver qué pasaba.
— ¡Señor, por favor salga de la sala, tenemos que estabilizar a la paciente de nuevo!
— ¡No, no te vayas Egon, no te vayas, no le abandones, no puedo sola con este dolor, no puedo! — Cecilia no quería quedarse sola en la sal