Daniel Alejandro, se había quedado en su mansión con su esposa, el no era un hombre cobarde, pero al saber lo que había sucedido con la esposa del amigo de su primo, solo queria salvaguardar a su mujer y a su bebé, más no podia dejar de llamar a su mejor amigo
— Sebastian, espero que te encuentres bien
— La compañía va bien, solo me hace falta... ya sabes quién, tú desde que te casaste casi no te he visto ni el polvo, apenas terminas de trabajar corres a tu mansión para ir a los brazos d