Bethany estaba sentada sobre la cama con la espalda recargada en el cabezal de madera y sus piernas estiradas. Todo lo que se oía en la habitación era su aquietada respiración y el viento que de vez en cuando hacía bailotear las cortinas del balcón. No hacía mucho más durante el resto del día. Solo salía de la habitación cuando tenía la entera seguridad de que Ciro no estaría, y que además tardaría en llegar. Encararlo se hacía cada vez más difícil.
Escuchó que llamaban a la puerta y se levantó