De regreso en Florencia, a su vida cotidiana, Bethany y Ciro se dirigieron al obstetra, ella con la ferviente ilusión de haber quedado embarazada durante la paradisíaca luna de miel y Ciro sintiéndose tan miserable que no podía sostenerle la mirada.
Esperaban callados en la oficina del especialista a que éste regresara con los resultados de los exámenes. El italiano la había instado a que se practicara la prueba en casa con un test de farmacia, sin muestras de sangre ni demás procedimientos com