330. Asesinas
Amber
El aire del lugar parecía pesado, denso, como si la presión a mi alrededor aumentara a cada segundo. Martina estaba fuera de sí, respirando de forma irregular, los ojos cargados de odio, mientras Uria permanecía imperturbable, observándolo todo con la serenidad de quien ya había previsto cada detalle de esa escena.
“Necesitas calmarte, querida”, le dijo Uria a Martina, sin apartar la mirada de mí. Su tono era bajo, controlado, casi… divertido. “Después de todo, una persona muerta no puede