315. Visita indeseada
Amber
Oír su nombre me erizó la piel.
Estaba sentada en la cama, intentando encontrar algún alivio para el peso que me oprimía el pecho, cuando uno de los empleados apareció con cautela en la puerta.
"La señora Uria está aquí otra vez", dijo con cuidado, pero el daño ya estaba hecho.
Mi cuerpo se tensó al instante. El corazón se me aceleró, golpeando con fuerza contra las costillas.
Otra vez.
En ese momento supe que aquello no era un simple reencuentro entre madre e hija. No era casual. No era