269. Ruta de fuga
Peter
El dolor era insoportable. Cada respiración hacía que mis costillas palpitarán, como si me las estuvieran aplastando desde dentro. Las muñecas me ardían contra las cuerdas apretadas que mantenían mis brazos atados a la espalda, y las piernas estaban igual de inmovilizadas, anulando cualquier intento de movimiento. El suelo frío y húmedo del sótano donde me habían arrojado parecía absorber el último resto de dignidad que aún me quedaba.
Mi mente gritaba que aquello no podía estar pasando.