233. Un rostro para el fantasma
Magnus
La noche era fría, pero yo no sentía nada más que la adrenalina corriéndome por las venas. El sonido de pasos apresurados resonó por la calle, y todo a mi alrededor pasó a segundo plano. Los pasos se detuvieron de golpe y, antes de que pudiera ubicar la dirección exacta, uno de mis hombres gritó por radio:
"¡Está huyendo! ¡Hacia el este!"
Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera procesarlo del todo.
"¡Cierren todos los flancos! ¡Lo quiero rodeado!", ordené por el comunicador mie