La voz frenética de Thalia provoco algo dentro de mí, y salí corriendo desesperadamente. Mis pies golpearon contra la acera, el sonido rebotó en los complejos y resonando en la calle desierta.
'Son hombres lobo'. Thalia siseó: 'Tienes que correr más rápido'.
Crucé la calle y bajé por la acera, respirando entrecortadamente. Ya me comenzaban a arder las piernas, y le agradecí al cielo por haberme quitado la bota del pie hace días. Mi pie se había curado completamente, una ventaja de ser mitad ho