La risa salió de mis labios en oleadas, y me di cuenta de que no me había reído de verdad en tanto tiempo.
Garrett estaba sentado en su asiento, una expresión de perplejidad formándose en su rostro mientras me miraba. Era reconfortante saber que el deterioro mental era hereditario, pero no me dio muchas esperanzas para el futuro.
Mi risa errática se apagó y me quedé respirando profundamente unas cuantas veces.
“Mira, Garrett”, dije con una risita, colocando mi mano contra mi boca para sofocar