Adriano se encontraba impaciente y no dejaba de mirar la pantalla del móvil, segundo tras segundo.
Sin embargo, la respuesta que tanto ansiaba recibir no solo parecía demorar, sino ser inexistente.
—¡Qué estúpido! —exclamó y lanzó el móvil al sofá que se encontraba frente a él, con la intención de alejarlo cuanto fuese posible.
Hacía más de una hora que le había mandado el mensaje a Gianina y, desde entonces, no había dejado de mirar la pantalla del móvil, ansioso por recibir una respuesta, aun