Al escuchar esa impertinencia de mi hermanita, me provocó saltar sobre ella para tapar su boca, ¿Por qué se metía en dónde no la llamaban? Qué vergüenza.
— ¿Eh?… Creo que te equivocas.
— ¿En qué?.
— Obviamente, hacemos buena pareja por nuestra amistad, porque nos conocemos desde hace años, y obviamente no podemos estar juntos por esas mismas razones. — Contestó tranquilamente Anabel.
— Pero por lo menos si admites que te gusta ¿No?. — Anabel sonrió. — ¡Vamos! Dilo, no me trates de engañar.
— Sí