El video mostraba una escena explícita de Layla y George besándose apasionadamente en la cama de una suite de hotel. No podía creer que ella hubiera cometido un acto tan atroz y aun así tuviera el descaro de desafiarme y darme órdenes.
Sin pensarlo, pulsé el botón de reenviar en mi teléfono y se lo envié directamente a ella.
“¿Hay algún problema?”, preguntó George con una paciencia inusual, observándonos a las dos.
Ahora todo empezaba a tener sentido. Comprendía por qué se había apresurado a se