La subasta dio inicio con la melodiosa voz del presentador.
Los objetos de valor se vendían al postor cuya puja se basaba en una cantidad exorbitante de dinero.
Adeline alzaba de vez en cuando el cartel distraídamente. Ofreciendo una cantidad de dinero lo bastante generosa como para ayudar a la causa. Y de vez en cuando ganaba la puja, sin prestar atención en lo absoluto a los artefactos por los cuales licitaba.
Se la había pasado cavilando sobre el suceso de hace un rato con Jean Pierre.
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