Las puertas del santuario Sonobe se abrieron ante ella. Los guardias la dejaron pasar, sin protestar. Adeline sabía que Jean Paul la esperaba, la había observado desde las cámaras que cubrían todo el perímetro del parquímetro.
Él aguardaba por ella, anhelaba verla una vez más. Sabiendo que lo que fuera a suceder en aquella oficina, no era el final de su historia.
La joven subió por el ascensor hasta llegar al piso en donde se hospedaba la oficina central de Jean Paul.
Un recuento de imágenes