El estremecedor sonido del arco rozando delicadamente las cuerdas frontales del violín conducían a Jean Pierre, en medio de la vasta oscuridad del sitio, a Adeline.
El resonar de su corazón acrecentaba a medida del afanoso acercamiento que se avecinaba. La hipnótica melodía que denotaba el instrumento, se volvía cada vez más audible conforme él se encaminaba hacia ella.
La exigua luz blanquecina que salía desprendida del escenario a la prolongada alfombra roja que recorría, lo detuvo. Sus ojos