En las imponentes puertas de plata que daban paso al eminente hospicio de la ciudad de Sheffield se encontraba grabado un epígrafe con letra en cursiva que despertó la curiosidad de Adeline, dado a que la edificación se apellidaba Aldrich a pesar que los propietarios del sitio eran los Sonobe.
_ Bienvenida. _ Anunció, situando sus ojos avellana en el arcaica estructura labrada en piedra.
_ ¿Por qué Aldrich? ¿Y no Sonobe?. _ Frunció el ceño curiosa, observando detenidamente las esfinges con for