—Eres… la mujer más valiente que he conocido. Nunca dudes de ello.
—Adiós, Aarón.
—Adiós, Stella.
Ella acaba la llamada y yo dejo mi celular al lado de mi cabeza, sobre mi cama, y llevo mis manos hasta mi rostro, el cual froto con frustración. Respiro profundamente y me siento en la cama. Frunzo el ceño al sentir que me miran y veo hacia la entrada de la habitación encontrándome con las cabezas de mi padre y mi madre asomadas en el marco, mirándome. Mamá intenta alejarse y al hacerlo su nuca le