Intenté buscar por toda la casa y con la esperanza de ver alguna ventana o algo similar que se pudiera abrir y que diera al exterior, pero no encontré nada, pues todo estaba digitalizado. Al volver al salón, Mario estaba de pie con los brazos cruzados mirandome con una sonrisa picaresca en sus labios.
—-- Si ya te has cansado de lo que quieras que estes intentando hacer, podíamos hacer algo para comer, –se acercó a mi– no saldrás de aquí hasta que yo lo diga — me susurro en el oído, cogiendo mi