Capítulo treinta y ocho: un tono incomodo.
Cuando vinieron Matt se sentó a mi lado y Pablo se sentó alado de Luca, los 5 nos pusimos a charlar a gusto, cuando note que algo había pasado en la otra esquina de la disco.
—Ya no lo soporto.
— Que cosa Dilan— preguntó Jesua intrigado,
— ¿Acaso no la ves?, ese imbécil se está pasando de la raya al tocarla así— aclaró con enfado.
Jesua observó la pista y vio como Renata estaba muy a gusto,
— Ja, ja, ja, ¿acaso te estás poniendo así por ella? — pregunto en tono burlón y Dilan lo miro