Los minutos se volvieron horas, hasta que por fin se abrió una de las puertas,
—Familiares de Matt Otiglias— preguntó el médico.
Una anciana; que estaba detrás de nosotros, se levantó lentamente y contesto,
— Sí, soy yo la abuela de Matt.
Los cuatro nos miramos con cara de asombro, no nos dimos cuenta ni en qué momento había llegado esa mujer que, a pesar de su edad, se veía muy fina y delicada.
— Bien señora, su nieto se encuentra fuera de peligro, aunque tiene un par de