Capítulo ciento veintiséis: El acto barbárico.
— Ya está Jesua suéltame— insistí, pero él se negó.
Matt se puso de pie y habló para todos,
— Todos en esta sala saben el motivo de esta reunión, yo mismo mandé las pruebas a cada uno.
Luisa lo interrumpió impidiendo que termine sus palabras,
—¡Matt, no dirás nada, mira cómo me ha dejado esta idiota!
Yo solo sonreí, muy quieta en mi lugar, mientras él la observó con desdén…
La reunión continuó, cada uno puso los puntos sobre la mesa y la decisión fue unánime, ella sería despedida,