Capítulo ciento veinticuatro: La marea trae cosas nuevas.
Después de despedirnos de la última criatura, Juno lava los platos con Jesua y yo termino de barrer y acomodar los almohadones de la zona de lectura, estoy metido de lleno en lavar el piso cuando un raro sonido me interrumpe, decido detenerme y pausar el equipo de música que está cerca de la entrada…
De nuevo ese sutil ¿sonido?, mientras más me acerco a la puerta, más se apodera el pánico de mí, cuando comienzo a distinguir los pequeños llantos al otro lado de la misma, abro apresuradamente al