Capítulo ciento cincuenta y siete: La fiesta.
El primero que tomó la palabra fue el juez, abriendo un enorme libro frente a ambos, mientras decía aquellas palabras. Nuestros testigos firmaron junto a nosotros como fieles creyentes de nuestro amor y después las palabras del sacerdote, inundaron el espacio junto al ruido de las olas.
“Queridos amigos aquí presentes, nos hemos reunido hoy para unir a este hombre y a esta mujer en sagrado matrimonio…”
Frente a él, escuchando las palabras, llegó mi turno de responder,
— Yo te recibo a ti,