Capítulo dos. Tu casa o la mía.
El extraño no le dio tiempo a replicar, puesto que de inmediato tomó su mano y la arrastró hacia la pequeña pista de baile.
¡Y cómo bailaron!
Por horas movieron sus cuerpos al compás de la música, se sedujeron el uno al otro, se tentaron, se excitaron y final, se besaron. El encuentro de sus bocas había sido inevitable. Ambos se sentían atraídos hacia el otro por una corriente inexplicable desde que sus ojos conectaron.
—¿Tu casa o la mía? — preguntó ella con sus