Su corazón se encogió.
¿Seguirían jugando así en el futuro?
Para ella, era doloroso.
Aunque no soportaba directamente el peso de los niños, permanecía en estrecho contacto con Alexander.
Sus rostros estaban demasiado cerca. Sus respiraciones se mezclaban, y la distancia entre sus labios era peligrosamente corta, como si pudieran tocarse en cualquier momento.
Maya contuvo la respiración.
Calculó que ya había pasado casi un minuto y pensaba pedirles a los niños que bajaran.
Jugar un poco era más