118. Perdiste al bebé

Olía agrio, al ambiente en la enfermería era denso, cargado de inciensos y hierbas secas. A pesar de las telas que colgaban del techo y de las lámparas tenues, el ambiente no tenía la calidez de un refugio, sino el silencio helado de la pérdida.

Xavier entró primero. Su rostro no mostró expresión alguna, pero sus hombros tensos lo traicionaban. Detrás de él, Dayleen, Annika, Sebastián, Cassian y Kenji aguardaban en la antesala.

Una de las sanadoras, una mujer anciana de ojos blancos por la edad
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