105. Matalobos
La noche había traído consigo un silencio inquietante. El cielo sobre la manada de Fuego estaba cubierto por nubes pesadas, y el aire olía a ceniza. Los lobos de guardia en las murallas estaban tensos. Habían aprendido a desconfiar de la calma. Especialmente desde que las hordas oscuras habían comenzado a atacar en oleadas impredecibles.
Y tal como temían, ocurrió.
Un rugido profundo retumbó desde el bosque. Las sombras se agitaron. Criaturas deformes emergieron de entre los árboles: bestias