“Yo no insultaría a alguien que tiene la sartén por el mango, Bella. Ahora compórtate”, soltó una risita sombría.
“Jódete. ¿Sabes por qué no eres un jefe de la mafia? Porque eres un puto cobarde”, le espeté. Estaba jodidamente enfadada y dolida. Esto pareció molestarlo aún más. Volvió a apuñalarme con el cuchillo, pero esta vez en el hombro. Torció el cuchillo antes de sacarlo. Me miró con una sonrisa burlona. “Volveré enseguida para continuar nuestro pequeño juego. Espero de verdad que Ace est