Mundo ficciónIniciar sesiónEmpecé a rezar para mis adentros. La Cruz me quemaba las manos pero no pensaba soltarla. Llamé a Raziel con todas mis fuerzas. Intenté golpear al Caído un par de veces más, pero nunca llegaba siquiera a tocarlo. Entonces soltó a Mauro, que cayó sin sentido a sus pies, y se agachó junto a él.
—Parece mentira que el cuerpo humano sea tan frágil, ¿no? —comentó.
Agarró el pelo de M







