Mundo de ficçãoIniciar sessãoAtardecía.
Al otro lado de la ventana, la noche avanzaba desde la estepa sobre el lago.
¡La noche! ¡El sol se había ocultado!
Me senté agitada en la cama y sentí los tirones de las diversas porquerías que tenía enchufadas al cuerpo: respirador, electrodos, suero, sonda. Me las arranqué apurada, aparté las mantas y salté fuera de la cama. Menos mal que alcancé a agarrarme a la mesa, porque mi







