Leah
Cuando abrí la puerta del despacho, encendí la luz. Lancé el abrigo sobre el respaldo del sofá y me tendí en él, dispuesta a echar una merecida siesta después de varias reuniones, pero vi a Serena sentada en mi silla frente al escritorio con las piernas cruzadas y una sonrisa malvada pintada en el rostro.
—¿Serena? —me senté—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado? Creo que te equivocaste de oficina, si buscas a Frederick…
—Oh, no. Yo nunca me equivoco, obtengo lo que quiero, justo cuando l