Frederick
Hasta esa noche se podía decir que había manejado razonablemente bien la reacción de mi cuerpo ante la cercanía de Leah. Hasta esa misma tarde donde prácticamente había perdido todo el autocontrol que tenía. Ocurrió en algún momento mientras intentaba enseñarle a jugar, su trasero se apretó sin intención contra mi ingle. Fue cuando una inevitable ráfaga de deseo me atravesó como una lanza que se clavaba en mi pecho, bajando hacia lugares menos inocentes con velocidad brutal.
Para ser