Frederick
Parpadee un par de veces, posando mi mirada en el hombre que estaba intentando vulnerar la puerta de seguridad de mi habitación, para luego notar que eran dos, llevaban trajes negros, al menos me sacaban una cabeza de diferencia y doblaban mi tamaño. Me llevó solo una fracción de segundos entender con claridad lo que ocurría; los enviaba Dogo.
Mi instinto me grito: ¡Huye!
«¡Huye! Te están buscando a ti». Eso era bastante posible, aunque probablemente también estuviesen allí por su din