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En la sala de espera, el silencio era casi sepulcral, interrumpido sólo y de vez en cuando por los sollozos de Georgina y el sonido de los pasos de Raphael al ir de un lado a otro. Tess, quien había dejado a los niños al cuidado del servicio de los Calahan, miraba con ojos secos a Raphael ir y venir, mientras Phillip sostenía a Georgina, quien recostaba su cabeza en su hombro.<

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