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Samantha atravesó la puerta y vio el cuerpo anciano recostado en la camilla. Estaba conectada aún a los aparatos eléctricos, pero ya no tenía la manguerilla de oxígeno. Ella entreabrió los ojos poco a poco, y al identificarla, los abrió grandes llenos de sorpresa.

—Tú, ¡maldita puta del infi

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